Control de las Muletillas en Oratoria
Autor: Jorge Fiszer
Introducción
El tema que nos ocupa en esta clase representa uno de los vicios más desagradables y generalizados en los oradores sin capacitación suficiente. En realidad, son resultado de una falencia en la fluidez del lenguaje, por lo general motivada por la falta de un vocabulario rico y variado.
Al no encontrar la palabra adecuada para expresar un concepto, sustituye aquel término por una expresión carente de sentido lógico en el contexto de la frase. Estas expresiones reciben el nombre genérico de MULETILLAS tal vez por su parecido a las muletas que utiliza una persona con locomoción limitada para poder caminar.
Afirmamos que son desagradables, pues constituyen un elemento extraño dentro del discurso. Cubren baches y huecos producidos por la ausencia de la palabra justa para la frase que se está expresando en ese momento. Las muletillas más frecuentes son:
Este, ehm, ¿está claro?, eh, es decir, ¿no?, o sea, entonces, y, bueno, ¿sí?, ¿me explico?, ¿se entiende?, ¿entienden?, claro...
Observamos y destacamos el detalle de que casi todas estas palabras utilizadas como muletillas poseen un significado en castellano. Por eso afirmamos que la palabra se transforma en muletilla NO POR SU SIGNIFICADO sino por SU SENTIDO. No está mal preguntar al público ¿está claro? Lo malo es preguntarlo todo el tiempo. Después de cada afirmación, de cada frase. Casi todas las muletillas, utilizadas dentro de un contexto coherente, son palabras como cualquier otra.
Cómo actuar para corregirlas
Si bien es fundamental la toma de conciencia por parte del orador, evidentemente ésta no alcanza para solucionar el problema. Una persona puede saber perfectamente que posee el vicio de fumar y que esto lo perjudica y daña su salud, y sin embargo es capaz de seguir fumando.
Es que para eliminar las muletillas, debemos conocer y utilizar técnicas y estrategias estudiadas durante décadas y puestas en práctica por decenas de miles de estudiantes de oratoria en los centros de capacitación especializados más importantes del mundo.
Enriquecer el vocabulario. Dado que las muletillas funcionan a modo de tapón para cubrir baches y huecos en la fluidez del lenguaje, la solución más profunda y que ataca las causas del vicio, es aumentar el vocabulario que se utiliza en el lenguaje coloquial. Lamentablemente, observamos que en el arte de la conversación cada vez el lenguaje es más reducido y pobre en los recursos utilizados. Sin entrar en el análisis de las causas que han llevado a esta realidad tan triste, el hecho es que cada generación reduce un poco más la cantidad de palabras que hereda de la generación anterior.
Como soluciones y estrategias para enriquecer el vocabulario, sugerimos por una parte cultivar el hábito de la lectura. Desde el periódico como lectura diaria obligada, hasta libros clásicos de la literatura universal, pasando por novelas, cuentos, poesías, etc. Es conveniente que nosotros enfaticemos la lectura de autores españoles y latinoamericanos, así como en las escuelas inglesas de oratoria enfatizan la lectura de los autores de dicha lengua.
La otra forma conocida es escuchar atentamente a buenos oradores contemporáneos y tratar de afinar la atención en los recursos retóricos y de vocabulario que ellos utilizan. También es positivo asumir un papel crítico buscando captar errores, vicios, muletillas y defectos en discursos de los buenos oradores. Un método tradicional en las mejores escuelas de oratoria europeas, es leer en voz alta discursos de los grandes oradores de toda la historia. En las buenas librerías se pueden encontrar textos con recopilaciones de los discursos más importantes de los mayores oradores de todos los tiempos.
Cultivar las pausas. Si durante la alocución el orador no encontrara la palabra justa que debería pronunciar, sería mejor que hiciera una pausa de algunos segundos en lugar de pronunciar una muletilla. Las pausas constituyen un elemento interesante durante una presentación. No sólo para sustituir una muletilla, sino además porque producen un cierto suspenso y expectiva en lo que continúa después. Recordemos que siempre es mejor una pausa que una muletilla.
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