Reflexiones sobre el Aprendizaje
Razón y Emoción
Autor: Jorge Fiszer
“Examino nuestros programas educativos y los veo llenos de lecciones sobre el poder. Los leo nuevamente y los encuentro vacíos de lecciones sobre el amor.”
“Los educadores son como los viejos árboles. Tienen un rostro, un nombre, una historia a ser contada. Viven en un mundo en lo que vale es la relación que los une a sus alumnos, siendo que cada alumno es una entidad sui generis portador de un nombre, también una historia, sufriendo tristezas y alimentando esperanzas. La educación es algo que ocurre en este espacio invisible y denso, que se establece de a dos. Espacio artesanal.”
Rubem Alves
El proceso de aprendizaje del ser humano está condicionado por distintas variables que poseen influencias significativas y determinantes en las diferentes etapas de la construcción de su conocimiento. Entre ellas, se destacan las relaciones emocionales.
Sabemos que los condicionantes psicológicos interfieren en el acto de aprender. La demostración de afecto, el interés del educador por las distintas necesidades, limitaciones y posibilidades de los alumnos, constituyen elementos motivadores y proporcionan un clima de confianza y seguridad que permite desencadenar una acción pedagógica de carácter dialéctico, donde el error es considerado como un proceso natural de avances progresivos y no como algo merecedor de críticas.
El conocimiento y la comprensión de esos aspectos contribuirán para que los educadores construyan una práctica pedagógica de calidad, que conciba al alumno como un sujeto pleno, con sensibilidad, emociones y sentimientos que interfieren positiva o negativamente en el proceso de aprendizaje y en su formación.
No se debe usar solamente la inteligencia racional
La memoria más duradera, la más significativa y profunda es la que viene a partir de las emociones. La que se origina en un hecho o circunstancia con impacto en los sentimientos más profundos.
Pero fuimos formados en escuelas con una orientación exclusivamente racional. Por eso nos cuesta tanto poner emoción en nuestros pensamientos y en nuestras imágenes. Para lograrlo, es un buen comienzo imaginar siempre lo primero que llegue a nuestra mente. Si la palabra es perro, pues el primer perro que aparezca en la mente será la mejor imagen. Aunque pudiésemos imaginar un perro más bello, más grande, más peludo, nunca serían como aquella primera imagen que apareció.
La primera imagen que se forma, la inmediata, es siempre emocional. No hubo oportunidad de pasarla por los canales de la razón ni de la lógica. No es una imagen pensada.
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